viernes, 22 de febrero de 2008

Los delfines y la mitad de su cerebro

Si, los delfines se enfrentan a un dilema cada dia: “Quedarse despierto para seguir respirando o morir mientras duermen. Para los delfines, la respiración es un acto voluntario, no reflejo, como ocurre con los hombres. Por esa razón han desarrollado un mecanismo de adaptación al océano que le permite que se duerma sólo la mitad de su cerebro, para seguir viviendo mientras descansan.

Delfines dormir

En la mita del mar, una pequeña pérdida de su conciencia, como la dormir, podria ser mortal para estos mamiferos. “Si no respiran, se mueren” señaló Jon Kershaw, responsable del acuario Marineland en Antibes, en la Costa Azul francesa.

Para poder “dormir permaneciendo al mismo tiempo despierto”, el delfin ‘apaga’ uno de sus hemisferios cerebrales, mientras que la otra mitad del cerebro, que permanece despierta, ejerce el control sobre las funciones vitales, especialmente la respiración. Durante estos periodos de sueño “unihemisférico”, los delfines ralentizan su metabolismo y el animal se queda prácticamente inmovil.

Los delfines dormidos se pueden ver a veces flotando en la superficie del mar, con un ojo abierto y una aleta que sobresale de la superficie del agua. Al rato, cambian de postura, ‘desconectan’ la otra mitad del cerebro y cierran el otro ojo.

Además de asegurar que se mantienen en marcha las funciones vitales, la mitad del cerebro que permanece activa durante el sueño puede mantener el rumbo del delfín y evitar que viaje a la deriva.

Este “sueño unilateral” ha podido ser estudiado en un laboratorio, donde los científicos lograron medir las ondas cerebrales que se producían en el hemisferio cerebral ‘dormido’, mientras que el lado ‘despierto’ tenía una actividad cerebral mucho mayor. Después de 20 minutos, el esquema se invertía.

De esta manera, los delfines consiguen dormir unas ocho horas diarias, en tramos que duran entre varios minutos y dos horas.

Según un reciente estudio elaborado por neurobiólogos de la Universidad de California (UCLA), los jóvenes delfines que son capturados para vivir en cautividad permanecen despiertos las 24 horas del día las primeras semanas de su encierro, mientras que las madres les vigilan permanentemente para que no se duerman.

¿POR QUE AULLAN LOS LOBOS?


Ayer fue luna llena, la luna de febrero, la de los lobos. Desde ahora y durante los dos próximos meses el lobo entra en celo y aúlla todas las noches su amor. Entre abril y junio nacerán sus crías, quienes también aprenderán a aullar al blanco satélite. Y cuando en cacerías nuestras, unas veces legales, la mayoría de ellas ilegales, los matemos para satisfacción de ganaderos subvencionados, de cazadores escopeteros, de anodinos gestores medioambientales, de políticos populistas, de urbanitas con el corazón de cemento, los supervivientes seguirán aullando a la luna, más tristes aún si cabe.

Pero, ¿por qué aúllan los lobos?

Para comunicarse, para llamarse, para señalar su territorio, para atraer hembras, para ahuyentar machos, para tranquilizar a sus lobeznos. Para el lobo, lo más importante en el mundo es su manada, su familia, formada por la pareja reproductora, las crías del año y algunos ejemplares jóvenes de años anteriores. El aullido es para ellos una caricia sonora, tan cercana como los lametones de la madre, tan intensa como los olores del grupo. Pero con toda seguridad el aullido también es música. Sólo así se pueden entender sus conciertos nocturnos rompiendo la noche, llenos de sentimiento, entre pausas y sostenidos, individuales o a coro, repletos de vida, quizá también de nostalgia de tiempos mejores, homenaje a los muchos de los suyos caídos en esta desigual guerra sin cuartel por la supervivencia bajo el fuego, las balas, el veneno, la violencia inusitada del odio atávico que los humanos sentimos hacia su especie.

Cuenta una leyenda que una vez la luna se enredó en un árbol y un lobo se puso a jugar con ella, arrancándola de su eterna soledad. Pero el animal se fue y la luna, indignada, le robó su sombra. De ahí que le aúlle por las noches pidiéndole que se la devuelva.