viernes, 30 de noviembre de 2007

Belén 2007 d. C.

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Jesús nació aquí

El pueblito donde nació Jesús es ahora uno de los lugares más conflictivos sobre la faz de la Tierra.

Así no llegaron María y José a Belén, pero así se entra ahora. Hay que esperar junto al muro. Es una impresionante barricada de concreto, de tres pisos de altura, coronada por alambre de púas. Los soldados israelíes armados con rifles de asalto examinan los documentos, registran el vehículo. Ningún civil israelí, por orden militar, puede pasar. A unos pocos residentes de Belén se les permite salir. La razón por la que el muro existe, según el gobierno israelí, es mantener a los terroristas alejados de Jerusalén.

A Belén y a Jerusalén las separan sólo 9.5 km, aunque en la comprimida y fraccionada geografía de la región eso las coloca en territorios diferentes. Belén está en Cisjordania, en los terrenos ocupados por Israel durante la Guerra de los Seis Días, en 1967. Es una ciudad palestina, la mayoría de sus 35 000 residentes es musulmana. En 1900, más de 90 % de la ciudad era cristiana. Hoy, sólo cerca de la tercera parte de Belén lo es, y esta proporción disminuye a un ritmo constante al emigrar los cristianos a Europa o a América. Al menos una docena de terroristas suicidas ha provenido de la ciudad y de su distrito circundante. La verdad es que Belén, el “pueblecito” venerado durante la Navidad, es uno de los lugares más conflictivos de la Tierra.
Si le autorizan el paso, se abrirá una puerta corrediza de acero, los soldados se harán a un lado y usted conducirá hacia la abertura temporal que han horadado en el muro. Luego la puerta se cerrará de golpe. Ya se encuentra en Belén.

En el agreste paisaje a orillas del desierto de Judea, la ciudad se erige sobre varias colinas anchas y aplanadas, con escasa vegetación. Las casas más antiguas están hechas de roca amarillo pálido, incrustadas a lo largo de calles empinadas y angostas. En un estanquillo al aire libre, la carne de carnero gira en un asador, goteando grasa. Los hombres, sentados en sillas de plástico, sorben café árabe espeso de unos vasitos. Huele a basura acumulada. Al subir por la empinada pendiente, se ve cómo se extiende la construcción del muro; una serpiente gris, segmentada con torres de vigilancia cilíndricas, que estrecha metódicamente la ciudad.

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